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Un trazador de PET dirigido a la proteína PD-L1 logró mapear la expresión de ese blanco en todas las lesiones de pacientes con cáncer de pulmón de células no pequeñas (CPCNP), y no solo en el fragmento que extrae la biopsia. El estudio, publicado en agosto de 2026 en la revista Radiology por investigadores del Primer Hospital Afiliado de la Universidad de Xiamen, en China, mostró que un SUVmax por encima de 5,6 identifica alta expresión de PD-L1 y que los respondedores a la inmunoterapia tenían una captación mucho mayor que los no respondedores — mediana de 5,9 frente a 1,9.

El problema que la biopsia no resuelve

En la práctica clínica actual, la decisión de tratar un CPCNP con un inhibidor de checkpoint depende de un número: el tumor proportion score (TPS) de PD-L1 medido por inmunohistoquímica en una muestra de tejido. Los estratos habituales separan expresión negativa (<1%), intermedia (1–49%) y alta (≥50%). La falla es conocida y está mal resuelta: PD-L1 presenta una heterogeneidad marcada tanto dentro de un mismo tumor como entre lesiones distintas del mismo paciente.

Tomógrafo de gantry largo en una sala de imagen hospitalaria, del tipo utilizado en estudios híbridos de PET/CT en oncología
El estudio se realiza en PET/CT convencional: la diferencia está en el trazador, un péptido cíclico marcado con galio-68 que se une al PD-L1. Foto: Pexels.

Eso significa que una aguja que atraviesa un plano de un nódulo puede encontrar 60% de células positivas mientras una metástasis suprarrenal del mismo paciente tiene 2%. La inmunohistoquímica es excelente en lo que mide — solo que mide un pedazo. La imagen molecular ofrece lo contrario: visualización de cuerpo entero y cuantificación en todas las lesiones visibles, al costo de una resolución espacial muy inferior y de ninguna información celular directa.

Qué midió y qué encontró el estudio

El trazador es el 68Ga-NK224. Se estudiaron 37 pacientes con CPCNP de diagnóstico reciente, recurrente o metastásico, sometidos a PET/CT con el trazador y con la expresión de PD-L1 evaluada por inmunohistoquímica para comparación.

Tres resultados sostienen la conclusión. El primero es el umbral: un SUVmax de 5,6 fue el valor que mejor discriminó alta expresión de PD-L1, es decir, el punto de corte relevante para la decisión terapéutica. El segundo es la asociación con el desenlace: entre los pacientes que recibieron inmunoterapia, los respondedores mostraron una mediana de SUVmax de 5,9 frente a 1,9 en los no respondedores, una separación de más del triple. El tercero es la heterogeneidad misma: la variabilidad de captación fue mayor al medirse en la lesión completa que al restringirse al plano de la biopsia, lo que demuestra cuantitativamente que el fragmento subestima la dispersión del blanco.

Conviene recordar qué es el SUV, porque el número solo tiene sentido normalizado. Es la razón entre la concentración de actividad en el tejido y la actividad inyectada corregida por la masa corporal:

$$\mathrm{SUV} = \frac{C_{\text{tejido}}\ [\mathrm{kBq/mL}]}{A_{\text{iny}}\ [\mathrm{kBq}]\, /\, m\ [\mathrm{g}]}$$

donde $C_{\text{tejido}}$ es la concentración de actividad medida en el vóxel o en la región de interés, $A_{\text{iny}}$ es la actividad administrada y $m$ es la masa del paciente. Por eso un SUVmax de 5,9 es comparable entre pacientes de tamaños distintos — y por eso cualquier error de peso, de horario de inyección o de calibración del equipo contamina el número de forma directa.

De dónde viene el trazador y qué se sabía de él

El NK224 no es un anticuerpo, y esa elección explica buena parte del desempeño del estudio. Es un péptido cíclico derivado del DK221, acoplado a un quelante NOTA — un arreglo que permite marcarlo tanto con galio-68 como con flúor-18. Los péptidos pequeños se depuran rápido de la sangre, lo que produce alto contraste tumor-fondo en poco tiempo; los anticuerpos radiomarcados, en cambio, exigen intervalos de 24 a 96 horas entre inyección y adquisición, algo inviable en la rutina.

La caracterización inicial del trazador en humanos se publicó en 2025 en Clinical Cancer Research, en un ensayo prospectivo unicéntrico conducido por la misma institución entre mayo de 2023 y noviembre de 2024, con 31 pacientes analizables. Ese trabajo estableció los parámetros operativos: adquisición 60 minutos después de la inyección, dosis efectiva de $2{,}06 \times 10^{-2}$ mSv/MBq — en línea con otros agentes de galio-68 — y ningún evento adverso durante la inyección ni en las cuatro horas de observación.

Las cifras por estrato de TPS de aquel estudio ayudan a interpretar el umbral de 5,6: mediana de SUVmax de 2,6 en lesiones PD-L1 negativas (<1%), 4,3 en las intermedias (1–49%) y 7,8 en las de alta expresión (≥50%), con una asociación estadísticamente robusta (H = 24,994; P < 0,001). Y un dato que merece atención: el 18F-FDG no mostró correlación equivalente con el TPS (P = 0,138). El metabolismo glucolítico no sustituye a la expresión de PD-L1 — el trazador específico mide algo que el FDG no ve. La dispersión entre lesiones del mismo paciente tuvo un coeficiente de variación mediano de 27,5%, con casos que llegaron a 53,2%.

Implicaciones para la práctica y para el servicio de imagen

Si estos hallazgos se confirman en estudios multicéntricos, el efecto no es sustituir la inmunohistoquímica: es decidir dónde biopsiar y cuándo desconfiar del resultado. Un paciente con 50% de dispersión de captación entre lesiones es un paciente cuyo TPS de una única muestra no representa la enfermedad. En ese escenario el PET orientaría la biopsia hacia la lesión de mayor captación, reduciendo el riesgo de un falso negativo de muestreo.

El paralelo con la mama es directo: la misma lógica de imagen de blanco aplicada al PET/CT con trazador de HER2 para predecir respuesta terapéutica muestra que la imagen molecular está migrando de la estadificación a la selección de tratamiento. Y el movimiento no está aislado dentro de la medicina nuclear: la reciente aprobación de un PET de tau por la FDA confirma que los trazadores dirigidos a un blanco molecular específico están saliendo de la investigación hacia el mercado.

Para el servicio hay tres consecuencias operativas. Primero, protocolo: un estudio cuyo umbral de decisión es 5,6 exige control estricto de calibración, tiempo posinyección y método de delimitación de la región de interés — porque la variabilidad de SUV entre equipos puede ser del orden de 10% a 20% si el protocolo no está armonizado. Segundo, informe: reportar solo el SUVmax de la lesión índice descarta la información más nueva del estudio, que es la dispersión entre lesiones. Tercero, integración con patología: es un estudio que solo genera valor en discusión multidisciplinaria, leído contra el TPS.

Limitaciones y qué falta

Conviene ser sobrio sobre la etapa de la evidencia. Es un estudio unicéntrico, con muestra pequeña, en población asiática, con el umbral de 5,6 derivado de la propia cohorte — lo que casi siempre optimiza en exceso el punto de corte. Todavía no hay validación externa ni demostración de que decidir la inmunoterapia por PET mejore la supervivencia frente a decidirla por TPS. La separación de 5,9 contra 1,9 entre respondedores y no respondedores es llamativa, pero se midió en un subgrupo tratado dentro de una cohorte ya pequeña.

Hay además un problema que la comunidad de imagen conoce bien: la variabilidad de interpretación. Incluso en estudios consolidados, la lectura de TC de tórax varía entre lectores, y un estudio cuantitativo con umbral único hereda ese problema en la etapa de delimitación de la lesión. Vale recordar también que el cribado pulmonar con TC de baja dosis sigue siendo la base poblacional en la que estos casos se detectan. Antes de cualquier adopción clínica, el próximo paso obligatorio es un ensayo multicéntrico con umbral preespecificado y desenlace de supervivencia, no de correlación.

Fuente: AuntMinnie — New immuno-PET tracer shows promise in lung cancer