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Leo Cancer Care recaudó US$ 65 millones en una ronda Serie D para acelerar la fabricación y el despliegue clínico de su sistema de terapia de protones vertical (upright): un enfoque que trata al paciente sentado y en rotación, en lugar de acostado bajo un enorme gantry, y que promete salas de tratamiento hasta cinco veces más pequeñas que las de los aceleradores de protones convencionales.

Sala de tratamiento con equipo de radioterapia para terapia de protones contra el cáncer
La terapia de protones vertical promete salas de tratamiento hasta cinco veces más pequeñas. Foto ilustrativa.

Una ronda de US$ 65 millones con la mira en el IPO

La ronda, descrita por la empresa como sobresuscrita (oversubscribed), fue liderada por Yu Galaxy, de Silicon Valley, e incorporó nuevos inversores como Eventide Asset Management, además del apoyo continuo de los aportantes ya existentes. Fundada en 2018, Leo Cancer Care ya acumula cerca de US$ 155 millones captados hasta la fecha, un movimiento que se suma a un ciclo más amplio de inversión estratégica en oncología que viene rediseñando la carrera por las tecnologías de radioterapia de alta precisión.

Según la compañía, el capital se destinará a escalar la manufactura, acelerar el despliegue comercial y sostener el desarrollo clínico y de producto de su plataforma vertical integrada, que abarca protones, fotones e imagen. La empresa también señaló que se prepara para una oferta pública inicial (IPO) multimillonaria, prevista para fin de año, y mencionó una alianza estratégica con un gran grupo internacional de salud cuya identidad no fue revelada.

Cómo funciona la terapia de protones vertical

La terapia de protones se diferencia de la radioterapia convencional con fotones (rayos X) por la física de la deposición de dosis. Mientras los fotones atraviesan el cuerpo depositando energía a lo largo de todo el trayecto —incluso más allá del tumor—, los protones liberan la mayor parte de su energía en un punto preciso de profundidad, el llamado pico de Bragg, y prácticamente no depositan dosis después de él. El resultado es una conformación de dosis más estrecha, que preserva los tejidos sanos adyacentes y reduce la dosis de salida.

Esta característica es especialmente valiosa en tumores cercanos a estructuras críticas y en pacientes pediátricos, en quienes la menor irradiación de tejido sano se asocia con menor riesgo de efectos tardíos y de segundos tumores. La limitación histórica, sin embargo, es el costo: los centros de protones tradicionales exigen gantries de varias toneladas, aceleradores (ciclotrones o sincrotrones) y búnkeres blindados, con inversiones que superan las decenas de millones de dólares.

La propuesta de Leo Cancer Care invierte la lógica. En lugar de girar un gantry de varias toneladas alrededor de un paciente acostado, el haz permanece fijo y el paciente se posiciona sentado y se gira suavemente en una silla robótica. En el corazón de la plataforma hay un sistema de imagen vertical, ya con autorización de la FDA, utilizado tanto en la planificación como en la entrega del tratamiento. Esta arquitectura permite reducir drásticamente el tamaño y el peso del equipo, haciendo viable una sala de protones cerca de cinco veces más pequeña.

Del hito en Stanford a la adopción clínica

El avance dejó el terreno teórico. El 4 de junio de 2026, la plataforma Marie® de Leo Cancer Care alcanzó un hito histórico cuando Stanford Medicine realizó lo que la empresa describe como el primer tratamiento del mundo con protones en posición vertical compacta, en una niña de siete años con un tumor cerebral complejo. El caso es emblemático porque la preservación del tejido nervioso sano y la protección neurocognitiva en tumores cerebrales tratados con radioterapia están entre las mayores prioridades de la oncología pediátrica.

Instituciones de peso ya entran en la lista de adopción de la plataforma vertical, como el Dana-Farber Cancer Institute y McLaren Health Care. La expansión indica que la tecnología comienza a migrar de una demostración puntual hacia el uso rutinario en programas de radioterapia de referencia en Estados Unidos.

Protones y el desafío de acceso en América Latina

Para Brasil y América Latina, el tema central no es solo la innovación, sino el acceso. La terapia de protones sigue siendo escasa en la región: los elevados costos de implantación y operación de un centro convencional vuelven la modalidad prácticamente inaccesible para la mayoría de los servicios públicos y privados, lo que aún lleva a muchos pacientes a buscar tratamiento en el exterior.

En ese escenario, los sistemas verticales y compactos podrían tener un impacto desproporcionado. Salas más pequeñas significan menos concreto, menos blindaje y menos infraestructura edilicia, variables que responden por buena parte del costo total de un centro de protones. Si la promesa de reducir cinco veces el espacio se traduce en costos de capital significativamente menores, la modalidad podría volverse viable en más centros regionales, acercando la técnica a indicaciones consolidadas como tumores de base de cráneo, tumores oculares y casos pediátricos. Herramientas de contorneo automático en radioterapia y de planificación avanzada tienden a acompañar esta expansión, ampliando la precisión de cualquier modalidad de haz.

Perspectivas y limitaciones

El entusiasmo, sin embargo, debe calibrarse. Un único tratamiento inaugural y la adopción por parte de pocas instituciones aún no constituyen evidencia clínica robusta de equivalencia o superioridad en desenlaces de largo plazo frente a los sistemas de protones con gantry o a la radioterapia de fotones de última generación. Posicionar e inmovilizar al paciente sentado con la misma reproducibilidad obtenida en decúbito, a lo largo de decenas de fracciones, es un desafío práctico que exigirá datos de series mayores.

Aun así, la ronda de US$ 65 millones y los planes de IPO refuerzan una tendencia clara: la carrera por una radioterapia más precisa, compacta y económicamente sostenible. Así como las nuevas directrices de radioterapia basadas en evidencia vienen refinando indicaciones en distintos tumores, la miniaturización de los protones podría, en los próximos años, redefinir quién tendrá acceso a una de las formas más conformales de tratar el cáncer. Lo que resta seguir de ahora en adelante son los datos clínicos, los costos reales de adquisición y la velocidad con la que la tecnología llega a centros fuera de los grandes polos.

Fuente: AuntMinnie