Los fármacos de la clase GLP-1 podrían hacer más que reducir el apetito: imágenes de PET/CT sugieren que también activan la grasa parda y aumentan el gasto de energía a nivel de los tejidos. El hallazgo proviene del estudio TABFAT, presentado en el congreso ENDO 2026, en Chicago, y ayuda a explicar, en imágenes, un mecanismo que hasta ahora era en gran parte teórico.

Cómo se hizo el estudio
El ensayo TABFAT, aleatorizado y controlado con placebo, fue dirigido por Rok Herman, MD, del Departamento de Endocrinología, Diabetes y Enfermedades Metabólicas del Centro Médico Universitario de Liubliana, Eslovenia. Incluyó a 34 mujeres premenopáusicas con obesidad, con una edad mediana de 39 años y un índice de masa corporal mediano de 36,9 kg/m². Durante 24 semanas, recibieron tirzepatida semanal (dosis media de 8,8 mg) o placebo.
El diferencial del trabajo está en la imagen funcional. Los investigadores combinaron FDG-PET/CT con estímulo por frío, resonancia magnética en ambiente termoneutro y termografía infrarroja bajo estímulo frío. El objetivo era visualizar directamente la grasa parda (tejido adiposo pardo, o BAT), que quema calorías para producir calor, algo que la balanza y la cinta métrica, por sí solas, jamás mostrarían.
Qué es la grasa parda y por qué importa
No toda la grasa es igual. La grasa blanca, predominante en el cuerpo adulto, almacena energía; la grasa parda hace lo contrario: quema energía para generar calor, en un proceso llamado termogénesis. Los bebés tienen mucha grasa parda para mantenerse calientes, pero durante mucho tiempo se creyó que casi desaparecía en la vida adulta. La imagen por PET con FDG cambió esa visión al revelar depósitos activos de grasa parda en adultos, sobre todo en la región del cuello y los hombros.
Por eso la grasa parda se volvió un objetivo de interés en la lucha contra la obesidad: si se la puede «encender» de forma segura, se abre una vía para aumentar el gasto calórico sin depender solo de la restricción alimentaria. Es justamente ese punto el que el estudio TABFAT ayuda a iluminar, y que solo fue posible demostrar porque la imagen funcional logra captar, con el estímulo adecuado, un tejido que de otro modo pasaría inadvertido.
Qué mostró la imagen
Los resultados fueron consistentes. En el grupo de tirzepatida, la proporción de participantes con actividad de grasa parda detectable en el FDG-PET/CT subió del 41,2% al 64,7% en 24 semanas, sin cambios en el grupo placebo (P = 0,005). El grupo tratado también tuvo aumentos mayores tanto en la actividad como en el volumen de grasa parda bajo estímulo frío (P < 0,05). La pérdida de peso mediana fue del 13,5%.
El hallazgo más intrigante, sin embargo, fue otro. La activación de la grasa parda no se correlacionó con el grado de pérdida de peso. Dicho de otro modo, el efecto térmico ocurrió de forma independiente de la reducción del apetito. Los autores también observaron señales de «beiging»: la conversión de grasa blanca subcutánea en un tejido más parecido a la grasa beige, metabólicamente activa.
Por qué importa para la imagen
Los agonistas de los receptores de GLP-1 y GIP —la tirzepatida actúa sobre ambos— se veían sobre todo como supresores del apetito. El FDG-PET/CT detecta la captación de glucosa por tejidos metabólicamente activos, y el estímulo por frío «provoca» la grasa parda, haciéndola visible. La novedad es que la imagen reveló un segundo mecanismo: el fármaco parece elevar el gasto energético en el propio tejido, y no solo reducir lo que se come. Esta lectura se conecta con lo que vimos sobre el avance del PET en la medicina nuclear durante el SNMMI 2026 y cómo nuevos radiotrazadores amplían lo que el PET logra ver in vivo.
«La señal de activación de la grasa parda no se correlacionó con el grado de pérdida de peso», afirmó Herman, y añadió que estos fármacos «no son solo supresores del apetito: la tirzepatida también parece modular el gasto energético a nivel de los tejidos».
Implicaciones prácticas y limitaciones
Para la radiología y la medicina nuclear, el estudio refuerza un papel que tiende a crecer: la imagen funcional como herramienta para monitorear, de forma no invasiva, la respuesta metabólica a los medicamentos. En lugar de esperar semanas por desenlaces clínicos, el PET/CT puede mostrar, a nivel tisular, si un fármaco hace lo que se espera de él. Eso tiene valor tanto en la investigación de nuevos fármacos como, en el futuro, en la personalización de tratamientos para la obesidad y las enfermedades metabólicas.
Conviene, sin embargo, calibrar el entusiasmo. Se trata de un estudio pequeño, con solo 34 participantes, y los datos se presentaron como resumen de congreso, aún sin publicación revisada por pares. La confirmación en muestras mayores y más diversas es el paso siguiente. Aun así, el trabajo ilustra bien cómo la imagen dejó de solo detectar enfermedades para también explicar, en detalle, cómo funcionan los tratamientos por dentro.
Fuente: Radiology Business — estudio TABFAT presentado en ENDO 2026 (Endocrine Society).




