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La embolización de la arteria prostática (EAP) ya es un tratamiento establecido para la hiperplasia prostática benigna (HPB) y puede ofrecerse como primera línea a pacientes bien seleccionados. Ese es el mensaje central del radiólogo intervencionista Mina S. Makary, profesor asociado de radiología del Ohio State University Wexner Medical Center, en un episodio de la serie en video «Interventional Radiology in Focus», publicado por Diagnostic Imaging el 6 de octubre de 2026. Se trata de una perspectiva de experto y no de un estudio nuevo: Makary repasa la selección de pacientes, el papel de la angiotomografía (angio-TC) y de la TC de haz cónico en la planificación, las opciones de agente embolizante, incluido el pegamento, y el seguimiento con la escala IPSS.

Angiografía por sustracción digital con arteria prostática variante y TC de haz cónico que confirma la perfusión del lóbulo prostático derecho
Arteria prostática derecha variante, originada en la arteria glútea inferior, en la angiografía (A) y confirmación de la perfusión del lóbulo derecho por TC de haz cónico (B). Imagen: Rostambeigi et al., CVIR Endovascular 2024, CC BY 4.0

Qué sostiene el especialista

Makary parte de la epidemiología: la HPB afecta a cerca del 20% de los hombres de 40 a 50 años y a más del 80% de los mayores de 70, con síntomas irritativos y obstructivos del tracto urinario inferior. Las opciones quirúrgicas más conocidas, como la resección transuretral de próstata (RTU), el levantamiento uretral prostático (UroLift) y la aquablación, se realizan por la uretra. La EAP, en cambio, se hace por acceso radial o femoral. Según el radiólogo, el sangrado y la disfunción sexual, dos de las mayores preocupaciones de los pacientes con los procedimientos urológicos, son prácticamente inexistentes tras la embolización; es su opinión clínica, no un resultado de ensayo presentado en el video.

La selección del paciente se presenta como un punto decisivo. Makary enumera perfiles que pueden no ser buenos candidatos: disfunción vesical, enfermedades neurológicas, traumatismo, enfermedad arterial periférica, oclusiones de grandes vasos y contraindicación al contraste yodado. En la práctica, la EAP supone que los síntomas provienen de la obstrucción prostática y que existe una vía arterial viable hasta la glándula.

Angio-TC y TC de haz cónico en la planificación

Para el especialista, la angio-TC previa no es obligatoria, pero ayuda a mapear variantes anatómicas antes de entrar en la sala. Durante el procedimiento, la TC de haz cónico (CBCT) confirma que el vaso cateterizado irriga realmente la próstata y permite excluir ramas no diana; Makary la considera especialmente útil en los primeros 50 a 100 casos de un operador. Conocer las variantes de la arteria prostática y de la ilíaca interna es, en sus palabras, fundamental. Cuando hay riesgo de embolización no deseada, las alternativas incluyen un cateterismo más distal, el uso de coils para proteger la rama no diana o el ajuste del tamaño de las partículas.

La literatura respalda ese uso. Una serie de Marsella publicada en Diagnostic and Interventional Imaging (2020), con 23 pacientes tratados con CBCT tridimensional, informó éxito técnico del 91% y ningún caso de embolización no diana, con un producto dosis-área medio de 146,7 Gy·cm². Una revisión pictórica de 2024 en CVIR Endovascular, de donde procede la imagen, muestra cómo la CBCT distingue el realce prostático de una pared vesical engrosada, revela arterias accesorias del lóbulo medio e identifica ramas rectales que deben ocluirse antes de embolizar. Hay paralelos con la angiografía con IA para embolización y con la planificación por imagen en la radioembolización hepática con Y-90.

Partículas, pegamento y tratamiento unilateral

Makary señala a los agentes embolizantes como la frontera más interesante de la técnica. Tradicionalmente, la EAP utiliza partículas, y sigue el debate sobre tamaño, cantidad, punto final angiográfico y seguridad. El pegamento, por lo general n-butil-cianoacrilato (NBCA), suma otra herramienta con su propio perfil de rendimiento, seguridad y limitaciones técnicas. La innovación en dispositivos de embolización también se refleja en aprobaciones recientes como la de TriNav Advance para embolización hepática.

Los datos sobre el pegamento todavía son iniciales. Una revisión sistemática en CVIR Endovascular (2025) reunió seis estudios y 667 pacientes: mejoría del IPSS en el 83% al 94% de los casos, reducción del volumen prostático del 11% al 40,5% y complicaciones menores entre el 4% y el 22%, sin eventos adversos mayores, aunque con muestras pequeñas y seguimiento corto. Un metanálisis de un solo brazo de autores brasileños, publicado en septiembre de 2026 en Interventional Radiology, incluyó ocho estudios y 723 pacientes y estimó una caída media de 10,44 puntos en el IPSS y de 25,56 mL en el volumen, con eventos adversos en el 13%; los autores reconocen que la evidencia a largo plazo es limitada.

El especialista afirma además que la EAP es eficaz incluso cuando solo puede tratarse un lado de la próstata, ya sea por anatomía variante, oclusión o imposibilidad de cateterizar ambos vasos. Un estudio griego de 2024 en el World Journal of Radiology sobre EAP intencionalmente unilateral en 13 pacientes seleccionados no halló diferencias significativas en los resultados frente a la embolización bilateral, con un producto dosis-área un 45,4% menor y un tiempo de fluoroscopia un 35,9% más corto, algo relevante para la protección radiológica de pacientes y equipos.

Qué dicen los ensayos y las guías

La eficacia frente a placebo se demostró en el ensayo aleatorizado de Pisco y colaboradores, en Lisboa, publicado en European Urology en 2020: en 80 hombres con síntomas graves, la EAP superó al procedimiento simulado en 13,2 puntos en la variación del IPSS a los seis meses. La comparación con la RTU es menos favorable a largo plazo. En el ensayo suizo de no inferioridad de St. Gallen, con resultados a cinco años en European Urology Focus (2024), la reducción media del IPSS fue de 7,78 puntos tras la EAP y de 11,57 tras la RTU; la resección fue superior en la mayoría de los resultados informados por el paciente, salvo la función eréctil, y en el flujo urinario máximo. Los autores concluyeron que la mejoría con EAP fue inferior y que sus limitaciones deben formar parte del asesoramiento, con la salvedad de pérdidas de seguimiento importantes, sobre todo en el brazo de embolización.

En las guías, el cambio fue grande. En versiones anteriores, a partir de 2019, la American Urological Association (AUA) no recomendaba la EAP fuera de ensayos clínicos. La guía de 2026, cuya parte de manejo quirúrgico apareció en el Journal of Urology, reforzó la EAP como opción para próstatas de 50 mL o más, con evidencia de grado B, según un resumen de la Society of Interventional Radiology, que destaca además el enfoque multidisciplinario y la ejecución por radiólogos intervencionistas. La disputa entre especialidades, que analizamos al hablar de cómo la urología avanza sobre la radiología intervencionista, probablemente se intensifique.

Implicaciones prácticas y límites

Para los servicios de radiología intervencionista de América Latina, la lectura de Makary apunta a tres prioridades: triaje clínico conjunto con urología, un protocolo de imagen que incluya angio-TC cuando la anatomía es incierta y acceso a CBCT en la sala de angiografía, sobre todo durante la curva de aprendizaje. La dosimetría (producto dosis-área, kerma acumulado y tiempo de fluoroscopia) merece atención, porque la EAP puede ser larga e implicar una exposición considerable, como muestran los valores de producto dosis-área citados. La respuesta clínica tarda algunos meses, y Makary recomienda medirla con el IPSS y escalas de calidad de vida antes y después. Como limitación, el video refleja la experiencia de un especialista; la comparación con la RTU, la durabilidad y el papel del pegamento aún dependen de ensayos más grandes y de un seguimiento prolongado.

Fuente: Diagnostic Imaging