Los centros de radioterapia están desapareciendo silenciosamente en Estados Unidos, y el fenómeno golpea con más fuerza precisamente a las comunidades rurales y a las clínicas independientes, donde los pacientes tienen menos alternativas de tratamiento. Así lo demuestra un estudio destacado por ASTRO y publicado el 10 de julio de 2026 en el International Journal of Radiation Oncology, Biology, Physics — el Red Journal, revista oficial de la sociedad —, que siguió de forma individual más de 3.000 sitios de tratamiento entre 2018 y 2025. Detrás de un número total de servicios aparentemente estable, el análisis reveló un panorama mucho más dinámico: muchas unidades cerraron sus puertas mientras otras abrían, casi siempre en regiones ya bien atendidas.

La investigación fue realizada por médicos de la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, en Nueva York, en colaboración con Maimonides Health, y se presenta como el primer análisis nacional que rastrea sistemáticamente cada sitio de práctica de radio-oncología, en lugar de limitarse a grupos de médicos u organizaciones sanitarias, como hacían los estudios anteriores.
Qué descubrió el estudio de Mount Sinai
A partir de datos públicos de los Centers for Medicare and Medicaid Services (CMS), el equipo liderado por el radio-oncólogo Kunal Sindhu siguió la trayectoria de más de 3.000 unidades de radioterapia en todo el territorio estadounidense durante ocho años. Según el estudio, las prácticas independientes (freestanding) tuvieron una probabilidad 56% mayor de cerrar que las unidades vinculadas a hospitales, y los servicios ubicados en comunidades rurales mostraron un riesgo de cierre significativamente superior al de las zonas urbanas.
El retrato del acceso es preocupante: en 2025, el 68,5% de los condados estadounidenses no contaba con ningún servicio de radio-oncología, lo que equivale a unos 50,8 millones de personas sin oferta local de radioterapia, según los autores. «Mirar solo el número total de clínicas da la impresión de que el acceso se ha mantenido estable. Pero cuando seguimos cada sitio de tratamiento a lo largo del tiempo, encontramos un panorama mucho más dinámico: las clínicas están desapareciendo, sobre todo en comunidades rurales, donde los pacientes muchas veces no tienen alternativas para recibir radioterapia», resumió Sindhu al presentar los resultados.
Por qué cierran más las clínicas rurales e independientes
El estudio también describió el perfil socioeconómico de los vacíos asistenciales. Los condados sin servicio de radioterapia presentaban tasas más altas de pobreza y de personas sin seguro médico, menores ingresos por hogar y menos médicos de atención primaria. En otras palabras, los cierres se concentran exactamente donde la población es más vulnerable y tiene menor capacidad de desplazarse para tratar el cáncer.
Un detalle vuelve los hallazgos aún más relevantes: los datos analizados llegan hasta 2025, es decir, antes de la crisis de reembolso de Medicare instalada en 2026. En una encuesta paralela divulgada por ASTRO, más de dos tercios de las clínicas participantes reportaron caídas súbitas de dos dígitos en los reembolsos durante los primeros meses de 2026, y muchas afirmaron que esas pérdidas ponen su operación en riesgo de insolvencia. La sociedad utiliza ahora el estudio para presionar al Congreso y al CMS por una reforma del modelo de pago de la radioterapia.
Qué significa esto en la práctica clínica
La radioterapia está indicada para más de la mitad de los pacientes con diagnóstico de cáncer, y un curso típico de tratamiento exige acudir cinco días por semana durante varias semanas. Cuando la unidad más cercana cierra, la distancia deja de ser una molestia y se convierte en una barrera terapéutica: aumenta el riesgo de retrasos en el inicio del tratamiento, de interrupciones e incluso de abandono, con impacto directo en el control de la enfermedad. Los esquemas hipofraccionados, cada vez más respaldados por la evidencia — como las guías recientes de ASTRO para tumores gástricos y de páncreas —, reducen el número de visitas, pero dependen de equipos modernos y de servicios de física médica bien dimensionados, justo lo que falta en las regiones más afectadas.
Para físicos médicos, dosimetristas y técnicos, la consolidación de los servicios en grandes centros también reconfigura el mercado laboral, concentrando los puestos en las capitales y aumentando la sobrecarga de los equipos que permanecen en las unidades restantes.
Radioterapia en América Latina: un espejo incómodo
La advertencia estadounidense resulta familiar en América Latina. La Organización Mundial de la Salud recomienda alrededor de un acelerador lineal por cada 250.000 a 300.000 habitantes, una proporción que la mayoría de los países de la región todavía no alcanza, según los registros del directorio DIRAC del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). La oferta, además, tiende a concentrarse en las capitales y grandes ciudades, lo que obliga a muchos pacientes a recorrer cientos de kilómetros o a esperar semanas por un cupo de tratamiento.
Cerrar esa brecha exige inversión estratégica en nuevos centros de oncología, tanto públicos como privados, junto con planes de largo plazo para formar especialistas y mantener los equipos en operación continua.
Perspectivas: cómo revertir la desaparición
Los autores plantean que el monitoreo continuo de los sitios de práctica — y no solo de los totales nacionales — debe orientar las políticas públicas, con incentivos específicos para sostener las unidades rurales e independientes. En EE.UU., la apuesta de ASTRO es reformar el pago por episodio de tratamiento; en el resto del mundo ganan terreno soluciones que abaratan la infraestructura, como salas compactas y sistemas verticales de terapia de protones con el paciente de pie, como los de Leo Cancer Care, que prometen llevar técnicas avanzadas a mercados más pequeños.
Mientras tanto, el mensaje central del estudio vale para toda la región: sin una acción deliberada, el mapa de la radioterapia seguirá encogiéndose exactamente donde más se la necesita.
Fuente: AuntMinnie




