Skip to main content

El exjugador de la MLB Avisail García presentó una demanda contra la Universidad de Miami en la que alega que un error de radiología —no de interpretación, sino de comunicación— terminó prematuramente con su carrera. Según la acción judicial, una resonancia magnética realizada en 2023 identificó correctamente una fractura por estrés en la columna lumbar y el informe recomendaba una tomografía computarizada de seguimiento que nunca se realizó. En palabras del abogado del deportista, el informe con el diagnóstico y la recomendación correctos simplemente “cayó en el vacío”.

Campo de béisbol iluminado, escenario del caso de falla de comunicación radiológica que terminó con la carrera de Avisail García
La demanda de Avisail García contra la Universidad de Miami expone el riesgo de recomendaciones de seguimiento perdidas

El caso, revelado por NBC South Florida y difundido por la publicación especializada Radiology Business, toca uno de los puntos más sensibles de la radiología actual: de nada sirve el diagnóstico correcto si la recomendación no llega a quien decide la conducta clínica.

Un contrato de 53 millones de dólares y una carrera interrumpida

García, hoy de 35 años, jugó como jardinero de los Miami Marlins y firmó en 2022 un contrato de cuatro años valorado en 53 millones de dólares, con la expectativa de ser pieza central del proyecto deportivo de la franquicia. Sin embargo, en 2024, antes de que terminara el vínculo, el club lo dejó en libertad, en parte por las lesiones. Ya retirado, el deportista demanda a la Miller School of Medicine, la facultad de medicina de la Universidad de Miami, por la atención que recibió en la institución en 2023.

La lesión ocurrió durante un partido: tras conectar un hit y recorrer las bases, García relató haber “sentido algo en la espalda”. De acuerdo con la demanda, la resonancia magnética identificó una fractura por estrés en la región lumbar y el informe indicaba una tomografía computarizada de seguimiento para una evaluación adicional. Los abogados del jugador sostienen que ese estudio jamás se realizó. En su lugar, los médicos de la universidad habrían tratado el cuadro como un dolor muscular o discal.

“El informe radiológico con el diagnóstico correcto y la recomendación adecuada cayó en el vacío”, resumió el abogado Jorge Silva a la cadena de televisión. Con la indicación de realizar fisioterapia intensa y entrenamientos exigentes, García afirma que sus síntomas empeoraron de manera progresiva. El tratamiento adecuado, según la demanda, solo llegó después de que los Marlins lo desvincularan, cuando otro médico realizó una cirugía “extensa” de columna. Consultada por NBC6, la universidad no había respondido al cierre del reportaje.

El informe era correcto, y eso hace el caso emblemático

A primera vista, una “demanda por error de radiología” sugiere un diagnóstico equivocado. Aquí ocurre lo contrario: el radiólogo, por lo que se conoce, hizo exactamente lo que se espera de él. Identificó la fractura por estrés y dejó por escrito la recomendación de un estudio complementario. La falla alegada está en el eslabón siguiente de la cadena: la comunicación del hallazgo y el seguimiento de la recomendación.

Este tipo de ruptura se conoce en la literatura de seguridad del paciente como falla de cierre de ciclo, la llamada closed-loop communication. El principio es simple: una recomendación relevante solo puede considerarse comunicada cuando quien la recibe confirma la recepción y la conducta adoptada queda registrada. Sin ese mecanismo, el informe se convierte en un documento pasivo, que depende de que alguien recuerde leerlo con atención, exactamente el escenario descrito en la demanda de García. No es casualidad que una parte importante de los litigios vinculados al diagnóstico por imagen derive de fallas de comunicación y seguimiento, y no de errores de interpretación propiamente dichos.

Cómo evitar que las recomendaciones caigan en el vacío

La respuesta combina procesos y tecnología. Los sistemas de rastreo de recomendaciones (follow-up tracking) monitorizan cada informe que sugiere un estudio adicional y mantienen la pendiente abierta hasta que el examen se agenda, se realiza o es formalmente descartado por el médico tratante. El informe estructurado ayuda al destacar las recomendaciones en campos estandarizados —en lugar de diluirlas en el texto corrido—, lo que facilita la extracción automática por RIS y PACS y el disparo de alertas al médico solicitante. Herramientas de procesamiento de lenguaje natural e inteligencia artificial se están aplicando precisamente para detectar recomendaciones perdidas en informes ya emitidos.

Nada de esto sustituye la comunicación activa en los hallazgos de mayor riesgo: llamada registrada, mensaje con confirmación de lectura y anotación en el propio informe de a quién se avisó y cuándo. Las fallas en esta etapa ya han producido situaciones dramáticas, como pacientes que conocieron un diagnóstico de cáncer a través del portal del paciente antes de cualquier contacto médico. Y hay un factor humano ineludible: los equipos agotados fallan más en las etapas administrativas de la atención, como muestra el debate sobre la sobrecarga y el burnout en la radiología.

Responsabilidad civil: una lección para América Latina

El caso refuerza que la responsabilidad no termina con la firma del informe. En la mayoría de los países de América Latina, las instituciones de salud pueden responder por fallas organizativas del servicio —el llamado error de sistema— más allá de la actuación individual del radiólogo, cuya responsabilidad suele exigir prueba de culpa. Los precedentes de indemnización por error diagnóstico muestran que los montos pueden ser significativos cuando se demuestra la pérdida de la oportunidad de un tratamiento adecuado; un deportista profesional con un contrato millonario interrumpido ilustra bien la magnitud potencial del daño.

En el plano de las buenas prácticas, las guías internacionales, como las del American College of Radiology, recomiendan políticas formales de comunicación de hallazgos críticos y de hallazgos relevantes no urgentes, una orientación que las sociedades radiológicas de la región también promueven. Los servicios de imagen que atienden medicina deportiva y ortopedia de alto rendimiento tienen aquí una advertencia clara: los flujos documentados de comunicación y el rastreo del seguimiento son, a la vez, una herramienta de seguridad del paciente y de defensa jurídica de la institución.

Qué pueden aprender los equipos de imagen

Algunas lecciones prácticas se destacan. Primero, mapear el camino que recorre el informe después de firmado: quién lo lee, quién agenda, quién confirma. Segundo, implementar el rastreo sistemático de las recomendaciones de seguimiento y auditar periódicamente el porcentaje que realmente se cumple. Tercero, registrar toda comunicación verbal de hallazgos significativos, con fecha, hora e interlocutor. Por último, tratar las recomendaciones de seguimiento como un resultado crítico de segunda velocidad: menos urgente que un neumotórax, pero igualmente capaz de cambiar una vida cuando se ignora.

El desenlace judicial del caso García tardará en conocerse, pero la lección ya está servida. En la radiología moderna, el estudio no termina cuando se firma el informe: termina cuando la información correcta llega a la persona correcta y genera la conducta correcta.

Fuente: Radiology Business