Los desiertos de imagen en Estados Unidos son menos frecuentes de lo que sugería el debate sobre la escasez de radiólogos: solo el 1,9% de la población, unos 6,4 millones de personas, vive en condados sin equipos de imagen instalados y sin radiólogo local. Es la conclusión de un estudio nacional publicado en Academic Radiology que cruzó la presencia de equipos y de médicos en 3.144 condados. El dato más llamativo es otro: más de la mitad de los condados (53,8%) no tiene ni un radiólogo documentado, y lo que llena ese vacío es la telerradiología.

Qué hizo el estudio
El trabajo lo firman Adyasha Pradhan, del Touro College of Osteopathic Medicine (Nueva York), Sharon D’Souza, de American Radiology Associates (Dallas), y Andrew B. Rosenkrantz, del departamento de radiología de la NYU Grossman School of Medicine. Se publicó en línea el 3 de octubre de 2026 (doi:10.1016/j.acra.2026.09.030) y lo difundió The Imaging Wire.
La propuesta fue unir en una sola clasificación dos dimensiones que suelen analizarse por separado: dónde están los equipos y dónde están los radiólogos. Para la fuerza laboral, los autores usaron el National Plan and Provider Enumeration System (NPPES), el registro nacional de prestadores de EE. UU., en su versión de junio de 2026. Los radiólogos se identificaron con seis códigos de taxonomía verificados y se asignaron al condado según el código postal de su lugar de práctica.
Para la infraestructura, la definición combinó tres señales: existencia de un hospital en el condado, facturación de tomografía computarizada o resonancia magnética a Medicare y centros de mamografía certificados. Así, cada condado quedó en una de cuatro categorías: desierto real (sin equipo ni radiólogo), solo equipo, solo radiólogo y plenamente atendido (ambos). Los análisis de sensibilidad repitieron el cálculo con taxonomías solo diagnósticas, con radiólogos que facturan a Medicare y con umbrales mínimos de volumen de facturación. Una regresión logística multivariable buscó los factores asociados con la ausencia de radiólogo y con la condición de desierto.
Las cifras principales
De los 3.144 condados, 1.692 (53,8%) no tenían radiólogo local documentado. La distribución fue la siguiente:
- Desiertos reales: 568 condados, con el 1,9% de los residentes (6,4 millones de personas, según The Imaging Wire);
- Solo equipo: 1.124 condados, con el 7,6% de los residentes (25,9 millones);
- Solo radiólogo: 19 condados, con el 0,1% de los residentes;
- Plenamente atendidos: 1.433 condados, con el 90,4% de los residentes (307,4 millones).
El acceso, sin embargo, no es neutro para el paciente. La utilización de estudios de imagen en Medicare fue de 3.989 por cada mil beneficiarios en los desiertos reales, frente a 4.242 por mil en los condados plenamente atendidos (p<0,001), una diferencia cercana al 6%. La diferencia se mantuvo al cambiar la definición de equipo. The Imaging Wire añade que los pagos de Medicare por beneficiario fueron un 8,9% menores en los desiertos.
Dos resultados de sensibilidad ayudan a calibrar la lectura. La proporción de condados sin radiólogo osciló entre 53,8% y 63,3% según la definición de fuerza laboral. Y cuando la unidad de análisis pasó del condado a la zona de desplazamiento (commuting zone, que agrupa condados por flujos de trabajo y servicios), la proporción sin radiólogo cayó al 16,8% y la de desiertos reales al 1,7%. En la regresión, una población menor y un menor nivel educativo predijeron tanto la ausencia de radiólogo como la condición de desierto.
Por qué la radiología esquiva el peor escenario
La distancia entre «53,8% de los condados sin radiólogo» y «1,9% de la población en un desierto» se explica en buena medida por la separación entre adquisición e interpretación. A diferencia de especialidades que exigen al médico junto al paciente, la radiología diagnóstica permite hacer la tomografía en un hospital rural e informarla a cientos de kilómetros. El grupo «solo equipo», con 25,9 millones de personas, es justamente donde opera ese modelo: el estudio se hace en el lugar y el informe llega por la red.
Ese esquema depende de piezas que ya cubrimos en el blog: la dificultad para cubrir plazas fuera de las grandes ciudades, analizada en vacantes zombi y la escasez regional de radiólogos; el colapso del programa nacional de telerradiología del VA, que pasó de 120 a 62 profesionales, en el éxodo en el VA es sistémico; la llegada de grupos de lectura nativos en IA, como en el caso de Harrison.ai y la telerradiología en EE. UU.; y la consolidación de grupos independientes en redes nacionales como Affiliated Radiology. La infraestructura también cuenta: como mostró el estudio suizo sobre la IA en radiología en el mundo real, la latencia de red y el enrutamiento pueden retrasar resultados aunque el algoritmo sea rápido.
The Imaging Wire recuerda la excepción evidente: los servicios que requieren al radiólogo presente, como la radiología intervencionista, no se resuelven con telerradiología. Lo mismo vale, en general, para las biopsias guiadas por imagen y los estudios que dependen de supervisión médica en el lugar. Para ellos, el vacío del 53,8% de los condados es un problema real.
Implicaciones prácticas y el paralelo latinoamericano
El mensaje central de los autores es de política pública: los condados «solo equipo» y los desiertos reales requieren respuestas distintas. En el primer caso, el cuello de botella es la interpretación, y herramientas como incentivos a la telerradiología, conectividad, integración de PACS y reglas de licencia y acreditación entre estados tienden a tener más efecto. En el segundo, falta la puerta de entrada física, y la respuesta pasa por instalar o llevar equipos (unidades móviles, mamógrafos itinerantes, tomógrafos en hospitales pequeños), algo mucho más costoso.
El razonamiento es aplicable en América Latina. En Brasil, por ejemplo, la telerradiología está regulada por el Consejo Federal de Medicina (Resolución CFM n.º 2.107/2014) y ya sostiene la operación de muchos servicios en el interior. El estudio no incluye datos latinoamericanos y aquí no hay cifras comparables, pero su metodología sugiere un ejercicio útil para gestores: cruzar el registro de equipos y establecimientos con la ubicación de los radiólogos para distinguir regiones donde falta el informe de regiones donde falta el propio estudio. Para quien planifica PACS, enlaces de datos y contratos de lectura remota, como en la telerradiología en la nube con lectura unificada, esa distinción define dónde rinde más la inversión.
Limitaciones y perspectivas
Conviene leer los datos con cautela, y parte de las razones aparece en los propios análisis de sensibilidad. La dirección de práctica en el NPPES no siempre coincide con el lugar donde el radiólogo trabaja, y el rango de 53,8% a 63,3% muestra cuánto pesa la definición. La presencia de equipos se infirió con señales indirectas (hospital, facturación de TC y RM a Medicare, mamografía certificada), que dicen poco sobre capacidad, tiempos de espera o distancia. La utilización medida es la de Medicare, una población mayoritariamente de edad avanzada, y el diseño transversal no permite atribuir la diferencia del 6% a la falta de acceso: una menor demanda y los traslados a condados vecinos pueden explicar una parte. La caída de los desiertos al 1,7% en la zona de desplazamiento refuerza que los límites administrativos pueden exagerar el aislamiento.
En cuanto a conflictos de interés, Rosenkrantz declaró financiamiento de la American Roentgen Ray Society; los demás autores no declararon conflictos. Aun con estas reservas, el estudio ofrece una tipología simple y reproducible que permite seguir en el tiempo si la telerradiología realmente compensa la concentración de radiólogos en los centros urbanos, y hasta dónde no llega.
Fuente: The Imaging Wire y Pradhan, D’Souza y Rosenkrantz, Academic Radiology 2026




