La tan comentada escasez de radiólogos podría no ser un problema nacional, sino una cuestión de geografía. Así lo sugiere un nuevo análisis de la plataforma RadBoard.io, que estudió el mercado laboral estadounidense y concluyó que buena parte de las vacantes sin cubrir se concentra en regiones que los propios médicos consideran poco atractivas.

Dos mercados superpuestos
Desde la pandemia de covid-19 se ha vuelto casi un lugar común afirmar que faltan radiólogos. El razonamiento es conocido: el volumen de estudios crece de forma constante con el envejecimiento de la población, mientras que el número de profesionales se mantiene prácticamente estable. El nuevo estudio no niega la presión sobre el sector, pero cuestiona la idea de que sea uniforme en todo el territorio.
El investigador Kirill Lopatin examinó 20.800 anuncios de empleo publicados en Estados Unidos a lo largo de 78 días. Tras filtrar las repeticiones, quedaron unos 11.000 anuncios únicos: es decir, al menos el 47% de las publicaciones eran solo reposts de la misma plaza, y la cifra real probablemente sea mayor.
Al seguir el ciclo de vida completo de cada anuncio, desde su publicación hasta su desactivación, el estudio halló un patrón revelador. Cerca del 25% de las vacantes se cubrieron en menos de una semana y otro 12% en hasta dos semanas. En el otro extremo, el 28% tardó entre 31 y 60 días y un 2,3% permaneció abierto entre 61 y 90 días, a veces más. La conclusión de RadBoard es contundente: la radiología no tiene una única tasa de cobertura, sino «dos mercados superpuestos uno sobre otro».
El fenómeno de las «vacantes zombi»
RadBoard bautizó como «vacantes zombi» los anuncios que siguen abiertos durante más de 60 días. Para medir el problema creó una tasa de estancamiento: la proporción entre las vacantes abiertas hace más de dos meses y el total de plazas disponibles. Es un indicador sencillo, pero deja al descubierto un país dividido.
Estados como Nebraska (68%), Minnesota (41%) y Washington (35%) encabezan la lista de mercados estancados. En cambio, Florida (18%), Texas (15%) y Nueva York (14%) cubren sus plazas con rapidez. Los autores interpretan que el déficit de radiólogos no es generalizado: se concentra precisamente en las zonas donde los profesionales no quieren vivir, lejos de los grandes centros y de la infraestructura que suele acompañarlos.
El contraste es llamativo: en los peores mercados, alrededor de dos de cada tres plazas abiertas quedan prácticamente varadas, mientras que los más dinámicos cubren la mayoría de sus anuncios en pocas semanas. Esa brecha, más que cualquier recuento nacional, es lo que RadBoard sostiene que debería replantear el debate sobre la fuerza de trabajo.
La paradoja de la remuneración
Aquí está el dato más contraintuitivo de todo el informe. Si valiera la lógica clásica del mercado, las regiones con más dificultades para contratar pagarían más para atraer candidatos. Ocurre lo contrario: las vacantes en mercados estancados ofrecen, de media, unos 175.000 dólares menos que las de mercados que rotan rápido — alrededor de 550.000 frente a 725.000 dólares al año.
Ese desajuste ayuda a entender por qué tantas plazas simplemente no se cubren. No basta con que exista demanda; el salario, la ubicación y la calidad de vida deben combinarse en una oferta realmente competitiva. En zonas rurales y remotas, incluso cifras altas para los estándares locales no superan el atractivo de las grandes áreas metropolitanas.
Qué significa en la práctica
Para quien gestiona un servicio de imagen, el mensaje es que las estrategias genéricas de contratación tienden a fracasar. Vencer a la vacante zombi exige paquetes que van más allá del sueldo: teleradiología, modelos híbridos, turnos flexibles y alianzas regionales suelen ser más eficaces que reabrir el mismo anuncio mes tras mes. No es casualidad que la adopción de inteligencia artificial y de flujos de trabajo remotos se cite cada vez más como parte de la respuesta, aunque alimente el debate sobre el futuro de quienes quieren ser radiólogos.
El panorama estadounidense tiene claros paralelismos con otros sistemas de salud. En el Reino Unido, por ejemplo, el NHS gastó miles de millones para cubrir su déficit de radiólogos en los últimos años, recurriendo a la externalización y a las horas extra. La lección común es que una escasez de personal rara vez se resuelve solo con más vacantes: depende de dónde, cómo y por cuánto se ofrece el trabajo.
Para países como Brasil, donde los especialistas también se concentran en las capitales, el estudio funciona como una advertencia. La teleradiología ya ayuda a llevar informes a municipios del interior, pero fijar profesionales en regiones remotas sigue siendo un reto estructural, difícil de resolver solo con la apertura de nuevas plazas.
Perspectivas y límites del estudio
Los datos ofrecen un retrato más matizado de un problema que suele tratarse en bloque. Aun así, hay que hacer salvedades. El análisis se basa en anuncios públicos, que no siempre reflejan contrataciones cerradas por recomendación o por cazatalentos, y la ventana de 78 días es relativamente corta. Aun con esas limitaciones, el subtexto es claro y algo incómodo: la brecha entre la América rural y sus grandes ciudades, tan presente en la sanidad estadounidense, también define quién consigue — o no — un radiólogo que lea sus estudios.
Fuente: The Imaging Wire




