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Pensilvania ha dado un nuevo paso para exigir licencia estatal a quienes operan equipos de imagen médica y radioterapia. Un proyecto de ley que avanza en la Cámara de Representantes del estado superó la fase de comisión, reavivando un debate que se arrastra desde hace casi una década sobre la estandarización de la formación y la certificación de estos profesionales.

Tecnologa en radiologia operando un equipo de rayos X
Un proyecto exigiría licencia estatal a los profesionales de imagen médica. (Imagen ilustrativa)

Qué propone el proyecto

El texto, identificado como H.B. 2173, fue presentado el 27 de febrero de 2026 por los representantes Kyle Mullins y Bryan Cutler, con el respaldo de 34 coautores de ambos partidos. La propuesta establece la exigencia de licencia estatal para los profesionales que trabajan en distintas especialidades de imagen.

Entre las áreas cubiertas están la radiografía (operación de rayos X), la medicina nuclear, la ecografía diagnóstica, la resonancia magnética, la tomografía computarizada y la radioterapia. El proyecto también aborda la figura del asistente de radiólogo, un profesional avanzado de la radiografía. En la práctica, cualquier persona que realice estos estudios tendría que acreditar formación y certificación adecuadas.

El asistente de radiólogo, citado en el proyecto, es una función consolidada en los países anglófonos: un tecnólogo con formación avanzada que ejecuta determinados procedimientos bajo la supervisión del médico radiólogo, ampliando la capacidad del servicio. Regular esta categoría forma parte del esfuerzo por dar claridad a papeles que, sin licencia, quedan en una zona gris.

Por qué es relevante

Puede sonar sorprendente, pero Pensilvania está entre la minoría de estados de EE. UU. que todavía no exigen licencia estatal para los tecnólogos de imagen. Eso significa que, hoy, parte de los estudios puede ser realizada por profesionales sin un estándar mínimo y uniforme de cualificación reconocido por el estado.

Para los defensores de la medida, la licencia es una cuestión de seguridad del paciente y de calidad de imagen. Los estudios mal realizados pueden exponer al paciente a dosis innecesarias de radiación, generar resultados no concluyentes y obligar a repetir el procedimiento. Estandarizar la formación ayuda a garantizar que quien pulsa el botón sabe exactamente lo que hace, y por qué.

En la mayoría de los estados de EE. UU., la licencia estatal va de la mano de la certificación nacional emitida por entidades como la ARRT (American Registry of Radiologic Technologists). El argumento central es que la radiación ionizante y los campos magnéticos potentes no son triviales: exigen dominio técnico para equilibrar la menor dosis posible con la mejor calidad diagnóstica, el principio conocido como ALARA (As Low As Reasonably Achievable).

Un esfuerzo de casi diez años

La iniciativa actual es al menos el cuarto intento de aprobar la licencia de profesionales de imagen en Pensilvania. Proyectos similares se presentaron en 2017, pasaron por la Cámara estatal en 2022 y por el Senado estatal en 2024, sin que la legislación llegara a ser sancionada. La reciente aprobación en comisión se ve como una señal de impulso renovado para la propuesta.

La Sociedad Americana de Tecnólogos en Radiología (ASRT) apoya la medida, al argumentar que establecería estándares consistentes de educación y certificación para el personal de imagen médica y radioterapia del estado. El respaldo de las entidades profesionales suele ser decisivo para dar tracción a este tipo de regulación.

Implicaciones para la práctica

De aprobarse, la ley tendería a elevar el piso de cualificación en todo el estado, con efectos sobre la contratación, la formación continua y la fiscalización. Para los servicios de imagen hay un costo de adecuación, pero también una ganancia potencial en seguridad, estandarización y confianza del paciente. El movimiento ocurre en un momento de intensa actividad regulatoria en la sanidad estadounidense, que recientemente vio el avance de normas sobre facturas médicas sorpresa y debates sobre la financiación del sector.

No es casualidad que la licencia dialogue con discusiones más amplias sobre la gobernanza sanitaria, como la reforma del pago médico en trámite en el Congreso de EE. UU. En todos estos casos, la lógica es similar: crear reglas claras para un sistema históricamente fragmentado.

No todos ven con buenos ojos la regulación. Los críticos suelen señalar el costo adicional para profesionales y empleadores, el riesgo de agravar la escasez de personal en zonas ya desatendidas y la burocracia de emitir y renovar licencias. El reto del legislador es diseñar reglas que eleven la calidad sin crear barreras que alejen a los nuevos profesionales de la carrera. Lograr ese equilibrio suele ser el punto más sensible de este tipo de legislación.

Contexto y qué esperar

Para el lector de otros países, el paralelismo es ilustrativo: en Brasil, por ejemplo, el ejercicio de la tecnología en radiología está regulado por consejos profesionales y por normas de protección radiológica, con exigencias de formación y seguridad. El debate de Pensilvania muestra que, incluso en sistemas avanzados, la profesionalización de la imagen médica sigue siendo un trabajo en marcha. El próximo reto del H.B. 2173 será superar las etapas legislativas restantes sin perder el impulso logrado en intentos anteriores. Si se aprueba, el estado se unirá a la mayoría que ya entiende la licencia no como burocracia, sino como garantía de que el estudio correcto se haga de la forma correcta.

Fuente: AuntMinnie