Cómo el cesio-137 se propagó por el entorno urbano de Goiânia
La contaminación ambiental por cesio-137 en Goiânia afectó un área de aproximadamente 1 km² en los barrios Aeroporto, Central y Ferroviários, con focos secundarios detectados en otros puntos de la ciudad. El cloruro de cesio — compuesto altamente soluble que constituía el contenido de la cápsula fracturada — fue dispersado por una combinación de factores naturales y humanos que sorprendió incluso a los especialistas involucrados en la respuesta. Para una visión integral del incidente, consulte nuestra guía completa sobre el accidente radiológico de Goiânia.

Datos meteorológicos del Ministerio de Agricultura de Brasil registraron 25,2 mm de lluvia el 21 de septiembre y 18,4 mm el 23 de septiembre de 1987, seguidos de un período seco hasta el 27-28 de septiembre (cuando cayeron 8,7 mm más). Estas lluvias fueron precedidas por vientos fuertes y temperaturas muy elevadas — la media en los 15 días anteriores al descubrimiento del accidente fue de 26,4 °C. El calor intenso secó rápidamente el suelo y los vientos provocaron resuspensión y dispersión de las partículas de cesio. La escala de este efecto tomó por sorpresa al equipo de respuesta.
En algunas viviendas, la contaminación depositada en los techos resultó ser la principal contribuyente a las tasas de dosis en el interior, lo que obligó a retirar completamente las tejas. Además de los procesos naturales, el transporte de material radiactivo por personas que transitaban por los sitios contaminados — e incluso el depósito de residuos domésticos contaminados en terrenos baldíos — amplió la dispersión.
Fases de la respuesta y organización de las operaciones
La respuesta física al accidente de Goiânia puede dividirse en dos fases principales. La fase inicial requirió acciones urgentes para identificar fuentes de exposición aguda y controlar la situación. La fase de recuperación tuvo como objetivo restaurar las condiciones normales. En la práctica, los límites entre ambas fases se superpusieron considerablemente.
Para el sábado 3 de octubre — cinco días después del descubrimiento —, siete focos principales de contaminación habían sido identificados, marcando esencialmente el fin de la fase inicial urgente. Aun así, nuevos sitios menos contaminados continuaron apareciendo en las semanas siguientes. Como relatamos en nuestro artículo sobre el descubrimiento del cesio-137 y la respuesta inicial, esta fase involucró una movilización masiva de recursos a más de 1.000 km de los centros de experiencia radiológica.
La semana del 3 al 10 de octubre funcionó como período de consolidación y planificación del programa de recuperación. El Grupo de Apoyo Administrativo y Logístico (GALA), del Plan de Emergencia de Angra, resultó esencial, especialmente por sus contactos con la Fuerza Aérea Brasileña para transporte. La experiencia demostró que la improvisación y la autoridad gerencial para superar la burocracia fueron igualmente necesarias.
Una decisión tomada tempranamente marcó el ritmo de todo el proceso: ninguna descontaminación a gran escala comenzaría antes de completar levantamientos exhaustivos y de preparar un sitio para almacenamiento de residuos. Procedimientos escritos, criterios de acción y protocolos de control de calidad se prepararon antes de iniciar el trabajo pesado.
Criterios de evacuación y niveles de intervención
Los criterios radiológicos adoptados en Goiânia fueron moldeados tanto por principios técnicos como por intensas presiones políticas y sociales. El límite original de evacuación, definido por el físico W.F. en los primeros momentos, fue una tasa de dosis de 2,5 μSv/h a 1 metro de altura dentro de las viviendas — derivado del entonces vigente límite de dosis pública de 5 mSv por año.
Tras aproximadamente una semana, el criterio se flexibilizó a 10 μSv/h, manteniendo la base de 5 mSv/año pero incorporando factores de modificación:
| Factor de modificación | Descripción | Rango adoptado |
|---|---|---|
| Factor de ocupación | Fracción de tiempo en el lugar | 0,30 a 0,75 |
| Distribución geográfica | Relación entre tasa media y máxima | 0,1 a 0,2 |
| Distribución temporal | Reducción por limpieza o meteorización | 0,1 a 0,4 |
Fuente: The Radiological Accident in Goiania (IAEA, 1988)
En todos los casos se utilizó el valor más conservador (más alto). Un dato relevante: el accidente de Goiânia nunca fue declarado oficialmente como emergencia — existió fuerte resistencia política a cualquier comparación con accidentes de centrales nucleares.
Criterios para acciones remediadoras
El criterio general estipulaba que la dosis al grupo crítico en el primer año no debía exceder 5 mSv, con un objetivo a largo plazo inferior a 1 mSv por año. Los límites superiores por vía de exposición se distribuyeron así:
| Vía de exposición | Límite 1er año | Detalle |
|---|---|---|
| Interior de viviendas (externa) | 1 mSv | Principalmente contaminación en techos |
| Exterior — exposición externa | 3 mSv | Suelo contaminado |
| Exterior — exposición interna | 1 mSv | Ingestión de frutas, hortalizas, huevos, carne |
| Total exterior | 4 mSv | — |
Fuente: The Radiological Accident in Goiania (IAEA, 1988)
El nivel de acción para contaminación superficial en interiores fue fijado en 37 kBq/m², según las regulaciones básicas de CNEN. Para exposición externa vía suelo, se adoptó un nivel de 1,0 μSv/h (descontando el fondo natural de 0,2 μSv/h), correspondiente a 430 kBq/m² o 22,5 kBq/kg en los primeros 15 mm de suelo. El nivel de investigación se fijó en 10⁴ Bq/kg. Para frutas ya contaminadas por la deposición inicial, el nivel derivado siguió la norma brasileña de alimentos: 650 Bq/kg.
Relevamientos radiológicos: del helicóptero al monitor portátil

Para confirmar que todos los focos significativos habían sido localizados, se implementó una estrategia multinivel de relevamientos radiológicos. Los días 7 y 8 de octubre, un relevamiento aéreo cubrió Goiânia por helicóptero utilizando un espectrómetro gamma portátil a batería con detectores de NaI(Tl) que totalizaban 840 cm³ de volumen. La mayor parte del vuelo se realizó a 40 metros de altitud, monitoreando efectivamente un círculo de 80 metros de radio, a velocidades entre 50 y 70 km/h. En dos días se cubrieron aproximadamente 67 km² de área urbana.
El relevamiento aéreo confirmó que no se había pasado por alto ningún foco importante y detectó un punto discreto de radiactividad con tasa de dosis de 21 mSv/h a 1 metro. Relevamientos vehiculares complementaron la cobertura: los detectores del helicóptero se montaron en un automóvil y otro vehículo equipado con cristal de NaI(Tl) de 2″ × 2″ recorrió diferentes zonas. Posteriormente, detectores fueron instalados en la parte trasera de una camioneta para mediciones más precisas. Un problema práctico encontrado: la electrónica era sensible a variaciones de temperatura, requiriendo un vehículo con aire acondicionado.
El monitoreo se completó con recorridos a pie usando monitores portátiles, cubriendo casas, espacios públicos, vehículos e incluso billetes de banco (esta última medida principalmente para tranquilizar a la población). Las entrevistas sistemáticas con pacientes hospitalizados y residentes sobre visitantes y desplazamientos durante el período crítico revelaron rutas de transporte de la contaminación y descubrieron 42 sitios adicionales menos contaminados dentro y fuera de la ciudad.
Monitoreo ambiental: suelo, vegetación, agua y aire
Más de 1.300 mediciones cuantificaron la dispersión ambiental del cesio-137 en suelo, vegetación, agua y aire, concentrándose en las proximidades (hasta 50 metros) de los focos principales. El informe IAEA destaca que la presencia exclusiva de cesio-137 simplificó la instrumentación — un analizador de canal único con cristal de NaI de 3″ × 3″ era suficientemente sensible para conteos cortos de 10 minutos.
Suelo
Aproximadamente 400 muestras fueron analizadas, con niveles de actividad entre 10² y 10⁵ Bq/kg. La distribución espacial reflejaba el patrón de vientos, confirmando la resuspensión y dispersión aérea. Los perfiles de profundidad mostraron que los primeros 15 mm de suelo retenían en promedio el 60% del cesio — información crucial para planificar la remoción. Como discutimos en nuestro artículo sobre dosimetría en el accidente de Goiânia, estos datos alimentaron los modelos de estimación de dosis.
Vegetación
En los mismos puntos de muestreo del suelo, se recolectaron y analizaron 263 muestras de vegetación — hojas, ramas y frutos. La radiactividad foliar se correlacionaba estrechamente con los niveles del suelo. Un hallazgo práctico confirmó el mecanismo de deposición de polvo: el lavado reducía la radiactividad en un 50%.
Recursos hídricos
El monitoreo de la cuenca hidrográfica abarcó agua superficial, materia en suspensión, sedimentos de fondo y peces. El foco principal fue el arroyo Capim Puba, tributario del río Meia Ponte que recibe tanto aguas pluviales como residuales de la zona de los tres sitios más contaminados. El monitoreo no reveló radiactividad significativa. El abastecimiento público de Goiânia proviene de una planta de tratamiento que capta agua aguas arriba del Capim Puba — un factor de protección natural.
Aerosoles
Durante las operaciones de remoción de residuos, la actividad de aerosoles fue monitoreada a 50 metros de los focos principales:
| Punto | Nov. sem. 2 | Nov. sem. 3 | Nov. sem. 4 | Dic. sem. 1 | Dic. sem. 2 |
|---|---|---|---|---|---|
| 1 | 0,9 ± 0,3 | 3,8 ± 0,4 | < 0,4 | 0,33 ± 0,11 | 0,3 ± 0,07 |
| 2 | 1,0 ± 0,4 | 7,5 ± 4 | 2,9 ± 2 | 4,4 ± 0,3 | N/D |
| 3 | 0,7 ± 0,3 | < 0,5 | 2,2 ± 0,3 | 2,6 ± 0,2 | N/D |
Actividad de aerosoles por cesio-137 (mBq/m³) a 50 m de focos principales durante remoción de residuos. Fuente: The Radiological Accident in Goiania (IAEA, 1988), Tabla IV
Operaciones de descontaminación y gestión de residuos
La descontaminación a gran escala enfrentó un cuello de botella inesperado: la selección y construcción del sitio de almacenamiento de residuos. Desde el principio fue evidente que se generarían grandes volúmenes de residuos radiactivos — ropa, suelo, tejas, materiales de construcción. La selección del sitio provocó una fuerte reacción pública adversa. Cualquier ubicación dentro de Goiânia fue descartada. El 16 de octubre se eligió un terreno a 20 km de la ciudad, declarado como solución temporal.
La planificación y construcción del depósito tomaron más tiempo del previsto. Solo a mediados de noviembre fue posible iniciar la descontaminación pesada. Los preparativos incluyeron: diseño y construcción de contenedores, montaje de maquinaria pesada (excavadoras, palas cargadoras), actualización de procedimientos operativos, prueba de técnicas de descontaminación y elaboración de cronograma.
El programa cobró nuevo impulso cuando el presidente de CNEN decidió asumir personalmente el liderazgo en Goiânia — eliminando pasos burocráticos entre autoridades locales y federales — y cuando el Presidente de la República visitó la ciudad. Se fijó como meta el 21 de diciembre para descontaminar las áreas principales, permitiendo que los evacuados regresaran para Navidad.
La fuerza de trabajo movilizada comprendía unos 250 profesionales técnicos y 300 personal de apoyo (transporte, demolición, logística), con aportes significativos de los institutos de CNEN en Río de Janeiro y São Paulo. La meta del 21 de diciembre se cumplió trabajando turnos de 12 horas diarias, frecuentemente bajo condiciones climáticas adversas. Esto cerró el «elemento de contención» — la contaminación remanente ya no representaba un riesgo significativo a corto plazo.
Después de Navidad, trabajo adicional abordó las áreas circundantes con niveles de radiactividad menores — solo operaciones manuales y procesos químicos con procedimientos de optimización, hasta marzo de 1988. Para entender cómo se inició el accidente, lea nuestro artículo sobre cómo ocurrió el accidente radiológico de Goiânia.
Lecciones prácticas de la respuesta ambiental
El informe IAEA identifica tres elementos centrales en la respuesta ambiental: ganar control, contener el problema y tomar acciones remediadoras. Estos se superpusieron en el tiempo y con las dos fases principales del accidente. Una lección explícita — particularmente relevante para profesionales de radioprotección — es que los hechos de un accidente deben documentarse lo antes posible, ya que tienden a volverse difusos con el tiempo.
Goiânia demostró en la práctica que criterios de intervención excesivamente restrictivos (como el límite de 5 mSv/año para evacuación) pueden generar cargas económicas y sociales desproporcionadas, especialmente cuando factores de corrección pesimistas se acumulan al derivar niveles de acción. Al mismo tiempo, la entrevista sistemática a las personas afectadas sobre sus movimientos y contactos resultó una de las herramientas más eficientes para dirigir los recursos de monitoreo. Consulte también nuestro artículo sobre la respuesta médica a las víctimas del accidente para comprender cómo la atención clínica se integró con la respuesta ambiental.

