La respuesta médica a las víctimas del accidente de Goiânia con cesio-137 puso a prueba el sistema sanitario brasileño de maneras para las que nadie estaba preparado. Entre el 29 de septiembre y el 3 de octubre de 1987, médicos, físicos y técnicos improvisaron un triaje radiológico en el Estadio Olímpico, trataron pacientes con síndrome agudo de radiación y administraron Azul de Prusia (Radiogardase®) a una escala jamás intentada en la historia de los accidentes radiológicos. Cuatro personas murieron.
Triaje Radiológico en el Estadio Olímpico de Goiânia

La noche del 29 de septiembre de 1987, las autoridades de Goiânia movilizaron policía, bomberos y defensa civil. A las 20:00, el Estadio Olímpico ya había sido designado como zona de triaje para aislar pacientes y detectar contaminación. Los dos focos de contaminación conocidos — la Vigilância Sanitária en la Rua 16A y el depósito de chatarra — fueron relevados con equipos de monitoreo del Instituto Goiano de Radioterapia (IGR). Los residentes cercanos fueron evacuados y se restringió el acceso.
Quienes posiblemente habían estado en contacto con el material contaminado fueron dirigidos al estadio. Pero la situación desbordó rápidamente los recursos. Durante la madrugada, los rumores se propagaron. Por la mañana, los residentes encontraron calles acordonadas sin explicación alguna. Cientos de personas acudieron al estadio buscando respuestas, sobrecargando la limitada capacidad de monitoreo disponible.
Lo que destaca del informe de la OIEA es que, pese a no existir ningún plan local para emergencias radiológicas de esa escala, la estrategia improvisada funcionó. Cuando el personal de la CNEN comenzó a llegar, encontró la situación mínimamente controlada, lo que permitió concentrar esfuerzos en la recuperación. Para conocer la cronología completa, consulte nuestra guía completa del accidente radiológico de Goiânia.
En el estadio, el equipo de la CNEN descubrió que no se había intentado ninguna descontaminación de las personas afectadas. Las autoridades locales temían contaminar el suministro de agua. Los físicos de la CNEN ordenaron de inmediato que todos los contaminados tomaran duchas de descontaminación. La ropa fue recogida en bolsas. Este procedimiento simple pero crucial redujo significativamente la dosis continua recibida por decenas de personas.
Movilización de la CNEN y Criterios de Evacuación
Los mecanismos de emergencia de la CNEN fueron activados a través de su Grupo Ejecutivo de Control de Emergencias (GECE). El director del GEDIN fue nombrado coordinador para Goiânia y ejecutó el Plan de Emergencia. El Instituto de Radioprotección y Dosimetría (IRD) en Río de Janeiro quedó a cargo de movilizar recursos técnicos y humanos según las necesidades.
El coordinador de emergencias nucleares (NEC) salió de Río a las 18:00 del 29 de septiembre y llegó a Goiânia poco después de la medianoche del 30 de septiembre. Dos técnicos del IPEN de São Paulo se unieron a él en el trayecto, trayendo equipos de monitoreo basados en la información preliminar del físico W.F.
El equipo líder visitó primero la clínica abandonada del IGR. Al no encontrar contaminación, se dirigieron a la Vigilância Sanitária, donde confirmaron la ubicación de los restos de la fuente en una bolsa sobre una silla en el patio frontal. La tasa de dosis a 1 metro era de 0,4 Sv/h, indicando una actividad remanente de aproximadamente 4,5 TBq (120 Ci) — menos del 10% de la fuente original de teleterapia.
El criterio de 2,5 µSv/h para evacuación
W.F. y el equipo de la CNEN adoptaron un criterio de evacuación basado en una tasa de dosis de 2,5 µSv/h. El razonamiento era directo: el límite ocupacional internacional de 50 mSv/año se cumple si la tasa de dosis en la superficie externa de una barrera no supera 25 µSv/h. Como los límites para el público eran diez veces menores que los ocupacionales, el criterio quedó en 2,5 µSv/h.
El equipo de la CNEN llegó a una conclusión similar por otro camino. Primero, consideraron políticamente inaceptable que los residentes superaran 5 mSv en el año. Segundo, reconocieron que el factor de ocupación residencial era mayor que el ocupacional. Tercero, estimaron que la limpieza tomaría unos tres meses. Estos dos últimos factores se cancelaban aproximadamente, validando el criterio simplificado.
La mañana del 30 de septiembre, la fuente fue neutralizada: un tramo de tubo de alcantarillado fue levantado con una grúa por encima del muro de dos metros del patio, colocado sobre la silla con los restos de la fuente y rellenado con concreto bombeado. Las tasas de dosis en los alrededores cayeron drásticamente.
El Equipo Médico y los Primeros Diagnósticos

Un médico del CNEN-IRD llegó por vía aérea a las 6:30 del 30 de septiembre, acompañado de dos físicos del IRD. En el estadio encontró al médico del Hospital de Enfermedades Tropicales que había pasado toda la noche triando pacientes — el primer profesional en reconocer que los síntomas no eran de enfermedad tropical, sino de exposición a radiación ionizante.
El balance inicial era grave: 22 personas presentaban síntomas de sobreexposición. Once ya habían sido derivadas al Hospital de Enfermedades Tropicales. A lo largo del día, los dos médicos examinaron entre 50 y 70 personas contaminadas adicionales, un triaje que consumió 12 horas ininterrumpidas.
Un hallazgo crucial provino del ex director del IRD. Analizando la dispersión del material, dedujo que la fuente no podía ser cobalto metálico — no se habría esparcido tan fácilmente. Concluyó que se trataba de cloruro de cesio (CsCl), una sal altamente soluble e higroscópica. Esta deducción reconfiguró todo el enfoque de descontaminación y tratamiento. Nuestro artículo sobre el descubrimiento del cesio-137 y la respuesta inicial en Goiânia cubre esta fase en detalle.
Tratamiento de los Pacientes Más Graves
Los 11 pacientes más gravemente afectados fueron reunidos en todo el tercer piso de un ala del Hospital General de Goiânia, que fue desocupado para crear un entorno radiológica y biológicamente controlable. Concentrar a todos los pacientes contaminados fue una decisión acertada, aunque dictada por la necesidad más que por la planificación.
El problema inmediato: ningún profesional médico de ese hospital tenía formación para manejar pacientes radiológicamente contaminados. Los pacientes quedaron efectivamente sin atención hasta la llegada de los dos especialistas. Una huelga laboral vigente en el hospital agravaba la situación.
Los médicos y el personal de protección radiológica llegaron equipados con instrumentos de monitoreo y vestimenta protectora estándar — gorros, guantes y overoles. Establecieron un área de control de contaminación según el Informe Nº 65 del USNCRP (Management of Persons Accidentally Contaminated with Radionuclides, 1980). Iniciaron exámenes físicos, análisis de laboratorio, tomas de sangre y tratamiento sintomático.
Traslado al Hospital Naval Marcílio Dias
A las 18:30 del 30 de septiembre, un médico de FURNAS en Río se sumó al equipo. Tras el triaje de 12 horas, los médicos decidieron trasladar a seis de los 11 pacientes al Hospital Naval Marcílio Dias en Río de Janeiro, priorizando la gravedad de los síntomas y la necesidad de mejor equipamiento.
El 1 de octubre a las 9:00, el médico de FURNAS y los seis pacientes fueron trasladados por vía aérea a Río y admitidos en el Marcílio Dias a las 12:30. Cuatro pacientes más fueron transferidos el 3 de octubre.
| Fecha | Evento médico | Cifras |
|---|---|---|
| 29/09/1987 | Estadio Olímpico designado como zona de triaje | Cientos monitoreados |
| 30/09/1987 | Médico CNEN-IRD llega; triaje de 12 horas | 22 con sobreexposición; 50-70 examinados |
| 30/09/1987 | Fuente encapsulada en concreto | Tasas de dosis reducidas |
| 01/10/1987 | Traslado al Hospital Naval Marcílio Dias (Río) | 6 pacientes críticos |
| 03/10/1987 | Segundo traslado y fin de la fase inicial | 4 pacientes + 249 contaminados detectados |
Fuente: The Radiological Accident in Goiânia (IAEA, 1988)
Contaminación Interna y Uso Pionero del Azul de Prusia
Lo que distinguió a Goiânia de todo accidente radiológico anterior fue la severidad de la contaminación tanto externa como interna con cesio-137. Por primera vez en la historia, el hexacianoferrato — Azul de Prusia, comercializado como Radiogardase® — fue usado extensivamente para acelerar la eliminación del radionúclido incorporado al organismo.
La situación clínica era única: los pacientes sufrieron exposición externa aguda inicial, seguida de exposición crónica de cuerpo entero a tasas de dosis bajas por el cesio-137 depositado internamente. Cada caso variaba según el tiempo de permanencia cerca de la fuente y la cantidad de cesio incorporada. No existía precedente directo.
La interpretación dosimétrica se complicó por varios factores. Los historiales de exposición eran incompletos. Nadie sabía exactamente cuándo habían comenzado las exposiciones individuales. Muchas exposiciones externas fueron fraccionadas por las rutinas cotidianas de las víctimas. Los más gravemente afectados sufrieron lesiones agudas locales en la piel por irradiación beta y daños en tejidos profundos por radiación gamma penetrante.
Cifras del Triaje y Transición al Control a Largo Plazo
Para el sábado 3 de octubre, la situación estaba bajo control. El equipo de monitoreo en el estadio había identificado 249 personas con contaminación detectable. Quienes tenían solo contaminación externa fueron descontaminados sin mayores dificultades. Sin embargo, 129 personas presentaban también contaminación interna y fueron derivadas a seguimiento médico.
Los principales sitios de contaminación habían sido identificados. Aunque los equipos seguían verificando posibles puntos adicionales, esto marcó el fin de la fase de contención emergencial. A partir de entonces, las preocupaciones se centraron en el tratamiento continuado de los heridos y la descontaminación ambiental.
El registro formal solo fue posible a partir del tercer día. En los dos primeros días, los trabajadores estaban desbordados con el monitoreo y la capacitación de nuevos voluntarios. Cuando se reconoció la necesidad de apoyo administrativo y la sede se trasladó a las instalaciones de OSEGO, el proceso ganó organización progresiva con servicios de secretaría, télex, fotocopiado y un coordinador de información.
La organización de los recursos humanos siguió una lógica operacional clara. Inicialmente, solo cinco personas se encargaban de los aspectos de física de las radiaciones, incluidos W.F. y el físico del IGR. El 1 de octubre llegaron 15 profesionales adicionales. Los 20 disponibles fueron divididos en tres grupos: gestión, verificación de áreas y descontaminación. El grupo de descontaminación se subdividió en cuatro subgrupos, uno para cada área principal de contaminación.
Las condiciones climáticas añadieron otra capa de dificultad. Una tormenta violenta derribó las carpas donde las personas estaban alojadas en el estadio, obstaculizando las operaciones durante un período considerable. Fue un presagio del clima adverso que acompañaría parte de los trabajos de descontaminación en las semanas siguientes. Los mapas de las áreas afectadas fueron solicitados el 30 de septiembre y recibidos recién el 2 de octubre — una vez disponibles, todos los puntos calientes fueron marcados y los residentes en áreas con tasas de dosis superiores a 2,5 µSv/h fueron evacuados antes del 3 de octubre.
Paralelos con Accidentes Radiológicos Anteriores
El informe de la OIEA traza paralelos entre Goiânia y cuatro accidentes anteriores: Ciudad de México (1962), Argelia (1978), Marruecos (1983) y Ciudad Juárez, México (1983). Todos compartieron irradiación significativa de cuerpo entero con síndrome agudo de radiación, combinada con quemaduras locales severas en algunos individuos.
El accidente de Ciudad Juárez involucró contaminación externa con cobalto-60, pero los niveles fueron bajos y no hubo contaminación interna significativa. Goiânia se diferenció precisamente por la contaminación interna masiva con cesio-137 y la necesidad de un protocolo de quelación — el Azul de Prusia — que jamás se había probado a escala real.
Con cuatro muertes, el desenlace en Goiânia pudo haber sido mucho peor. La respuesta médica, aunque improvisada en los primeros días, demostró que un equipo pequeño pero cualificado — respaldado por logística adecuada — puede contener daños que inicialmente parecían inmanejables. Las lecciones de esta operación alimentaron directamente los protocolos de emergencia radiológica adoptados por Brasil y la comunidad internacional en las décadas siguientes. Para el panorama completo, consulte nuestra guía completa del accidente radiológico de Goiânia.

