Las primeras radiografías diagnósticas en el espacio ya son una realidad. La tripulación de Fram2, misión comercial de SpaceX que sobrevoló los polos terrestres en 2025, obtuvo imágenes de rayos X con calidad clínica a más de 425 kilómetros de altitud, y radiólogos independientes las consideraron equivalentes a las adquiridas en tierra. Los resultados del estudio SpaceXray se publicaron en Radiology, la revista científica de la RSNA (Radiological Society of North America).
El trabajo fue dirigido por Sheyna Gifford, médica y profesora asistente de medicina aeroespacial en la Mayo Clinic de Rochester, Minnesota. Disponer de una segunda modalidad de imagen fuera de la Tierra, explica, era un anhelo histórico de la medicina aeroespacial. “Los rayos X son rápidos, fáciles y diagnósticamente valiosos”, afirmó la investigadora.
Así se hizo el estudio SpaceXray
Fram2 despegó el 31 de marzo de 2025 a bordo de un cohete Falcon 9 y voló en una órbita polar de 90 grados, a una altitud de entre 425 y 450 kilómetros. La misión duró 3 días y 14 horas, con amerizaje el 4 de abril de 2025. Entre sus experimentos viajaba algo inédito: un sistema comercial de radiografía portátil, comprado tal cual se vende en el mercado, con un generador inalámbrico ultraportátil. Antes del despegue, SpaceX sometió el equipo a pruebas de impacto y de compatibilidad con la cápsula.
El dato más llamativo está en quién operó el equipo. Tres tripulantes sin ninguna formación médica recibieron apenas cuatro horas de entrenamiento. Siguiendo un protocolo definido en tierra, radiografiaron un phantom de calibración, un smartwatch y, entre ellos mismos, mano, antebrazo, abdomen, pelvis y tórax. Cada imagen se transmitió de inmediato a un ordenador de a bordo, lo que permitió revisarla casi en tiempo real.

Ya en tierra, tres radiólogos independientes compararon las radiografías orbitales con las imágenes previas al vuelo de los mismos tripulantes. No encontraron diferencias en calidad general, resolución espacial ni resolución de contraste. Todas las imágenes alcanzaron calidad diagnóstica, aunque las proyecciones de tórax, pelvis y abdomen recibieron puntuaciones más bajas de posicionamiento. La exposición estimada a la radiación no superó la de un examen clínico estándar en la Tierra. El único percance fue del propio generador, que sufrió un daño estructural superficial en el aterrizaje; su hardware interno y su rendimiento radiográfico quedaron intactos.
Por qué la radiografía parecía imposible en microgravedad
Durante más de 40 años, la ecografía fue la única modalidad de imagen fiable en el espacio, y con razones de peso. Los equipos de rayos X convencionales son grandes y pesados, generan dosis considerables de radiación y cualquier movimiento emborrona la imagen. En microgravedad, ese problema se multiplica: paciente, operador y máquina flotan a la vez. La ecografía es compacta, pero exige un entrenamiento considerable del operador y un medio físico de transmisión, como el gel, lo que limita su utilidad en manos no expertas.
El punto de inflexión llegó con los detectores digitales ligeros y los generadores compactos alimentados por batería. En 2022, el mismo equipo demostró el concepto al obtener una radiografía digital de mano durante un vuelo parabólico, esas maniobras de avión que producen unos veinte segundos de ingravidez por arco. Llevarlo a órbita planteaba preguntas más exigentes: ¿sobreviviría el equipo al lanzamiento? ¿Podrían personas sin formación posicionar correctamente detector, generador y paciente flotando dentro de una cápsula?
Qué implica para la práctica clínica
La respuesta afirmativa interesa mucho más allá del espacio. La misma fórmula que hizo viable la radiografía orbital — hardware ligero, generador inalámbrico y flujos de trabajo simplificados — sostiene la radiología fuera de las salas convencionales. Los hospitales ya utilizan la radiografía digital móvil junto a la cama del paciente, y sistemas de rayos X portátiles en redes públicas de salud acercan el diagnóstico a poblaciones dispersas.
Gifford ve el potencial en esa clave. Sistemas radiográficos autónomos y miniaturizados, sostiene, podrían transformar la salud pública global en clínicas remotas, barcos, plataformas petroleras o estaciones polares — “el cielo no es el límite”, bromeó. La miniaturización de los equipos de imagen figura, de hecho, entre las tendencias de la radiología en 2026. El equipo también destaca aplicaciones no médicas críticas: inspeccionar componentes electrónicos y trajes espaciales, diagnosticar satélites averiados o dotar a los rovers lunares de capacidad para analizar el suelo mediante rayos X.
Limitaciones y próximos pasos
Los autores no ocultan las limitaciones del estudio. Las puntuaciones más bajas de posicionamiento en tórax, pelvis y abdomen recuerdan que la técnica radiológica sigue importando, y que cuatro horas de entrenamiento tienen un techo. La propia tripulación propuso mejoras concretas, empezando por mecanismos de fijación para el detector y el generador, de modo que los componentes no floten durante la exposición.
El grupo, con coautores como Michael Pohlen, Adam S. Wang, David J. Lerner, Karim S. Karim y Lonnie G. Petersen, reclama estudios prospectivos que definan directrices de indicación, protocolos de interpretación e imágenes basales de los astronautas antes del vuelo. Con misiones de larga duración a la Luna y a Marte en el horizonte, saber qué es “normal” para cada tripulante antes de partir puede valer tanto como el propio equipo.
Fuente: ITN Online




