La dosis de radiación en TC bajó, y ahora hay cifras que lo prueban
La dosis de radiación que reciben los pacientes en tomografía computarizada cayó de manera sustancial en Estados Unidos durante la última década. Un relevamiento nacional publicado en Radiology analizó 5.234.285 exámenes de TC realizados a 2.802.416 adultos en 2025 y los comparó con los datos de referencia de 2014: los niveles de referencia diagnóstica bajaron 21,8% y las dosis alcanzables descendieron 9,3% en diez categorías de examen. Después de años de titulares alarmantes sobre radiación médica, la curva por fin apunta en la dirección correcta.

Cómo se construyó el estudio
El trabajo fue liderado por Kalpana M. Kanal, PhD, del Departamento de Radiología de la University of Washington School of Medicine, en Seattle, junto con David Frush, Eric Gingold y colaboradores. Es un análisis retrospectivo y observacional que reúne datos de dosis de 592 centros estadounidenses, procesados con un marco moderno, a nivel de adquisición y normalizado por el tamaño del paciente.
La comparación es válida porque la línea de base está bien definida. En 2014 el mismo grupo publicó el relevamiento que se convirtió en la referencia del sector, con 1,3 millones de exámenes en 583 centros de TC. La muestra actual es unas cuatro veces mayor, lo que vuelve mucho más estables los percentiles. «Usando un marco modernizado, a nivel de adquisición y normalizado por tamaño, se demostraron reducciones sustanciales de la dosis de radiación en TC de adultos en EE.UU. durante la última década», escribieron Kanal y colegas.
DRL y AD: por qué circulan dos cifras distintas
Conviene deshacer una confusión frecuente. El nivel de referencia diagnóstica (DRL) corresponde al percentil 75 de la distribución de dosis: es el techo informal, el valor por encima del cual un servicio debería auditar su protocolo. La dosis alcanzable (AD) se ubica en el percentil 50, la mediana, y funciona como objetivo de optimización. Ambos se movieron a ritmos distintos: los DRL cayeron 21,8% y las AD, 9,3%. Es decir: los servicios que estaban muy por encima de la curva mejoraron bastante, y la mediana también avanzó, aunque menos. Cuando un titular dice «22% menos», habla del DRL; cuando dice 9,3%, habla de la mediana.
Las magnitudes también merecen una línea. El índice volumétrico de dosis, $\mathrm{CTDI}_{vol}$, se expresa en mGy y describe la dosis media en un maniquí de referencia para una adquisición determinada. El producto dosis-longitud escala con la extensión irradiada:
$$\mathrm{DLP} = \mathrm{CTDI}_{vol} \times L$$
donde $L$ es la longitud del volumen explorado, en cm. Eso explica por qué el DLP bajó 20% mientras el $\mathrm{CTDI}_{vol}$ bajó más: acortar el campo de exploración es parte de la optimización, pero no la mayor parte.
Dónde bajó más la dosis y dónde casi no se movió
La caída no fue homogénea, y ahí está el valor práctico del artículo para quien ajusta protocolos. La mayor reducción del DRL en $\mathrm{CTDI}_{vol}$ apareció en la TC de tórax con contraste, con 31,2% menos dosis. Le siguieron la TC de tórax sin contraste (−26,7%), la TC de columna cervical sin contraste (−25%) y la TC de cuello con contraste (−15%).
El contrapunto es el cráneo sin contraste: apenas 3,5% en diez años. No es un detalle menor. La TC de cráneo es uno de los exámenes de mayor volumen del mundo, sobre todo en urgencias, y ese estancamiento sugiere que los protocolos de neuro recibieron mucha menos atención que los de tórax y abdomen. Si hay una frontera evidente para la próxima década, es esa.
En un editorial que acompaña el artículo, Cynthia H. McCollough, PhD, profesora de física médica e ingeniería biomédica de la Mayo Clinic en Rochester, tradujo los nuevos percentiles a la práctica: frente a las referencias que el American College of Radiology recomendaba en 2004, los nuevos DRL podrían significar alrededor de 20 mGy menos en TC de cráneo y 14 mGy menos en TC de abdomen de rutina. «Es un logro notable para la comunidad de TC, en particular para el estudio de rutina del abdomen», escribió.
Qué explica la mejora
El diseño retrospectivo no permite afirmar causalidad, y los autores lo aclaran. Sí señalan tres motores probables: avances de hardware, mejor diseño de protocolos y uso de inteligencia artificial. En la sala eso significa modulación automática de corriente, selección automática de kilovoltaje, reconstrucción iterativa y, más recientemente, reconstrucción por aprendizaje profundo, que mantiene el ruido en niveles aceptables en adquisiciones que antes se habrían considerado subdosificadas. «La magnitud y la consistencia de estas reducciones entre categorías de examen sugieren que tales avances se tradujeron en reducciones de dosis medibles a nivel poblacional», señalan.
Es la misma lógica que ya vimos en otros frentes: se puede reducir el contraste en TC sin depender de un equipo de conteo de fotones, y se puede reducir dosis sin renovar todo el parque. El cuello de botella casi nunca es la tecnología disponible, sino la estandarización de quien la usa.
Implicaciones para el servicio de imagen
Para el físico médico y el coordinador técnico el mensaje es operativo: los objetivos de dosis envejecieron. Un servicio que se compara con las referencias de 2014 —o peor, con las de 2004— puede estar conformándose con un desempeño que hoy quedaría en el tercio superior de la distribución estadounidense. Revisar los umbrales del sistema de monitoreo de dosis, examen por examen, es la tarea más inmediata que deja este artículo.
El segundo mensaje es sobre variabilidad interna. Buena parte de la caída de los DRL viene de servicios que eliminaron protocolos atípicos, no de un salto tecnológico universal. Eso es replicable en cualquier institución de la región con más de un tomógrafo: comparar $\mathrm{CTDI}_{vol}$ y DLP entre los propios equipos, para el mismo tipo de examen, suele revelar diferencias difíciles de justificar clínicamente.
Y la justificación antecede a la optimización. Ninguna afinación de dosis rescata un examen innecesario, tema que aparece con fuerza en el estudio sobre conocimiento clínico y pruebas de bajo valor. La dosis más baja sigue siendo la del examen que no hacía falta.
Contexto y próximos pasos
Las cifras llegan como contrapeso de un ciclo ruidoso, que incluyó el discutido artículo de 2025 que estimó que la TC de rutina podría causar más de 100.000 cánceres por año en EE.UU. El relevamiento no descarta la preocupación por la radiación médica: muestra que la tendencia va en el sentido correcto y da números concretos para responder al paciente que pregunta por el riesgo.
Los límites son claros. Son datos estadounidenses, de centros que participan voluntariamente en registros de dosis, lo que selecciona instituciones mejor organizadas, y no se trasladan de forma automática a otros sistemas de salud. El método sí se traslada, y la discusión sobre niveles de referencia nacionales se vuelve más fácil cuando existe un objetivo internacional actualizado. En cribado el camino está más maduro, como mostró el estudio de Singapur con TC de baja dosis de pulmón. Para el resto de la rutina, el trabajo apenas empieza.
Fuente: The Imaging Wire e Diagnostic Imaging — estudio original: Kanal KM, Frush DP, Gingold E, et al. Radiology 2026;320(1). DOI: 10.1148/radiol.260322.




