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Una controversia inusual sacudió el mundo de la radiología a comienzos de abril de 2026: un artículo de comentario publicado en el JAMA Health Forum por economistas de la Universidad de Harvard sostuvo que el crecimiento en el volumen de estudios de imagen médica en los Estados Unidos se ha desacelerado consistentemente y que, por ello, no sería necesario aumentar el número de radiólogos en el país. La publicación generó una reacción inmediata e intensa por parte de especialistas y líderes del sector.

El texto fue escrito por David Cutler, PhD, y Lev Klarnet, dos economistas especializados en políticas de salud. Apoyándose en datos de investigaciones previas sobre el volumen de estudios entre 2003 y 2016, los autores concluyen que el uso per cápita de imagen médica se estabilizó en 2008 y comenzó a declinar. Para ellos, este escenario hace innecesario ampliar drásticamente la oferta de radiólogos en EE.UU.

Qué Argumentan Realmente los Economistas de Harvard

Radiólogo analizando estudios de imagen médica en panel de diagnóstico
La crisis de fuerza laboral en radiología es real, dicen especialistas en respuesta al artículo de Harvard

La conclusión central del artículo es que el volumen de estudios en EE.UU., evaluado de manera per cápita, alcanzó un pico alrededor de 2008 y comenzó a caer. Los autores citan como fuente el trabajo de Hong et al, publicado en la revista Radiology en 2019. Con base en ello, Cutler y Klarnet argumentan que «la disminución en el volumen de estudios permitió que EE.UU. atendiera la necesidad de imagen sin un aumento en radiólogos».

El artículo reconoce algunas tendencias positivas, como el hecho de que la imagen médica se usa hoy de forma más cuidadosa que hace veinte años. Esa perspectiva tiene cierto mérito: hubo esfuerzos coordinados para reducir pedidos innecesarios de estudios, como las campañas del movimiento Choosing Wisely. Pero la extrapolación de que la crisis de mano de obra radiológica ya estaría resuelta es, para muchos especialistas, un salto lógico injustificado — y potencialmente dañino para la política pública de salud.

Por Qué la Comunidad Radiológica Rechazó las Conclusiones

La respuesta del sector fue rápida y contundente. Rich Whitney, presidente y CEO de Radiology Partners — una de las mayores redes de radiólogos de EE.UU. —, afirmó que los autores del artículo parecían estar «haciendo su investigación en la Luna». El radiólogo y bloguero Ben White, MD, fue aún más directo al calificar algunas de las afirmaciones del texto como «absurdas».

La principal falacia señalada por los críticos está en la conclusión de que una menor tasa de crecimiento per cápita elimina la necesidad de ampliar el número de radiólogos. Este razonamiento ignora variables fundamentales: el envejecimiento acelerado de la población estadounidense, la creciente complejidad de los estudios — que demandan más tiempo de análisis — y la expansión de las indicaciones clínicas de imagen en oncología, neurología y cardiología.

También existe el problema de los datos utilizados. El trabajo de Hong et al, publicado en 2019, usa información recopilada hasta 2016, con casi una década de rezago. En los años siguientes, modalidades como la resonancia magnética de próstata (PI-RADS), la angiotomografía coronaria y la tomografía computarizada de tórax para tamizaje de cáncer de pulmón ganaron escala masiva en EE.UU., sin estar reflejadas en los datos citados.

La Crisis de Fuerza Laboral es Real — los Datos lo Confirman

El verdadero punto de discordia no es el dato bruto de crecimiento porcentual, sino la relación entre volumen de estudios y disponibilidad de radiólogos. Incluso si el número total de estudios por habitante ha crecido menos, la oferta de radiólogos no acompañó ni siquiera ese crecimiento moderado. El resultado es un déficit creciente de interpretaciones, con tiempos de espera más largos, mayor presión sobre los profesionales y riesgo potencial para los pacientes.

El agotamiento entre radiólogos estadounidenses alcanzó niveles alarmantes, impulsando una industria completa de soluciones en inteligencia artificial y tecnología para aumentar la productividad de la especialidad. La innovación tecnológica actúa como alivio a la sobrecarga, no como sustituto, lo que por sí solo indica que la demanda de profesionales sigue siendo alta.

El argumento de que la desaceleración del volumen resuelve el problema también ignora el crecimiento de las modalidades de mayor complejidad técnica. Una TC de tórax para rastreo de nódulos pulmonares, por ejemplo, requiere un nivel de análisis muy superior al de una radiografía simple. El aumento en la sofisticación de los estudios genera una demanda oculta de tiempo profesional que los datos de volumen per cápita simplemente no capturan.

Implicaciones para Latinoamérica y el Futuro de la Especialidad

Para el contexto latinoamericano, el debate tiene relevancia directa. Países como Brasil, México y Argentina enfrentan una escasez crónica de radiólogos calificados fuera de los grandes centros urbanos, con distribución muy desigual de profesionales entre regiones. Argumentar que el crecimiento moderado del volumen de estudios elimina la necesidad de más radiólogos sería aún más equivocado en el contexto latinoamericano, donde la cobertura de la especialidad ya es insuficiente.

La tendencia global apunta hacia más imagen, no menos. El papel creciente de la inteligencia artificial en el diagnóstico por imagen puede aumentar la eficiencia, pero el consenso entre especialistas es claro: la IA potencia la capacidad del radiólogo, sin sustituirlo. La escasez de profesionales sigue siendo un cuello de botella real, y subestimarla con datos desactualizados puede comprometer decisiones de política sanitaria por años.

Fuente: The Imaging Wire